Me levanto tarde, fingiendo muy bien que no tengo nada que hacer. Parece que mis ideas siempre permanecen siendo ideas. Ese extenso puente que divide un pensamiento de una acción, por lo menos desde mi percepción, me tiene dando vueltas sin fin, como si de este nunca fuera a salir. A veces me cuesta admitir lo difícil que es para mí realizar lo realizable. Palpar lo palpable. Pues sobrevalorar las cosas es algo que hago usualmente, sin tiempo para pensar en los “simplemente”. Y me quedo aquí, en esta burbuja que lentifica todo movimiento, toda realización. Lo único que me falta es la transformación, aquella palabra que viola las leyes del espacio y del tiempo, que conecta el antes y el después. Pues el ahora es lo que tengo, y no me queda más que asimilar que lo que quiero hacer, lo puedo. Eso lo debo de entender.

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