Y se van por ahí, moviéndose entre los escombros
Por ahí van aquellos que sin voluntad propia, se mueven
Se arrastran por entre el humo y la tierra, desprevenidos
Fueron víctimas de una coartada del destino, del vivir.
Nadie sabe a dónde irá a parar, a dónde irá a acabar su humanidad
Nadie sabe si volverá, sin necesariamente saber a dónde fue y de dónde vino
Por entre la sombra de esta gris ciudad, perecerán los hombres, todos
Rodeados de viejos fierros retorcidos y oxidados, olvidados.
Nada es para siempre, todo tiene su fecha de expiración
Así como todo lo que vemos y vivimos, la vida misma no es la excepción
Y se queda uno con una efímera sensación, borrándose de la memoria lentamente
A la espera de otra que venga a apaciguar el vacío de aquella que se perdió,
que se evaporó.
